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| Willard V. O. Quine Fuente |
Si
quieres ver cómo los filósofos se contradicen, no hace falta preguntarles qué
es el ser o cómo conocemos, entre muchas otras preguntas que comúnmente
asociamos a la filosofía. No hace falta, porque seguramente las respuestas
serán difícilmente entendibles para aquel que no sabe de filosofía. Más bien,
la pregunta adecuada tiene que ver con lo último dicho: quien no sabe de
filosofía, ¿qué es lo que no sabe? En otras palabras, la pregunta para ver cómo
se contradicen es: ¿Qué es lo que tú estudias, filósofo o filósofa?
Como
este ensayo lo publico en mi blog, no puedo dejar de referirme a aquello que
digo en la portada: “El ser humano, a través de la filosofía, emprende la
búsqueda de su propio conocimiento”. Reconozco que la idea no es original, pero
también sé que otros no lo ven así: uno de ellos es Willard von Orman Quine. A
raíz de la lectura de su texto “¿Ha perdido la filosofía el contacto con la
gente?”[1] se me ocurrió lo que vengo
a exponer en este ensayo.
Antes
que nada, veo la necesidad de aclarar por qué digo que Quine no ve la filosofía
como búsqueda del propio conocimiento. Para él, la filosofía es “filosofía
científica, antigua y nueva”, que busca una “concepción organizada de la
realidad”. Quine reconoce que las ciencias se han especializado con el tiempo,
y lo mismo la filosofía, pero que “esto no ha significado un apartamiento de
otras cuestiones”: ciencia y filosofía han progresado por caminos paralelos,
podríamos decir, desde un estudio global a uno específico, sin dejar de lado
cuestiones generales. La filosofía, ahora bien, ha venido a abordar problemas
que pueden ser ajenos al ser humano, que no le interesan. Quine lo expresa así:
“Tampoco veo por qué el hombre corriente debería preocuparse mucho por lo que a
mí me interesa en filosofía”. Si él quisiera decir con esto que no todo el
mundo debe estudiar filosofía, lo apoyo. Pero me parece que el asunto es otro:
lo que Quine quiere decir es que los temas que aborda la filosofía pueden ser “extraños”
al hombre.
Aquí
es donde entro en desacuerdo. Si realmente, la filosofía se interesara por
temas ajenos al ser humano, los escritos de los filósofos no serían más que
habladuría. Debo reconocer que me parece acertada la postura de Quine según la
cual la filosofía y la ciencia no se ocupan de ámbitos excluyentes, y más aún
que han corrido por caminos paralelos, por decirlo de algún modo. No obstante,
de ninguna forma, ni la filosofía ni la ciencia (aún si trata de las partículas
subatómicas) tratan sobre temas ajenos a los intereses del ser humano, incluso
si se han especializado. No abogo por una popularización de la filosofía: lo
popular es su tema. ¿Desde cuándo es popular, por ejemplo, la analogía del ser?
Desde que hacemos chistes con el doble sentido de las palabras.
Por
eso discrepo con Quine cuando dice que “no todo lo que es filosóficamente
importante es necesariamente de interés común”: ¿Qué es eso de filosóficamente
importante? Un invento: por más que la filosofía se especialice y considere en
algún momento un tema por encima de otros, no es indicativo de que sea más o
menos importante. Si hay algo así como lo filosóficamente
importante es todo aquello que tiene importancia para cada hombre; en
definitiva, cada hombre. Así, a través de la filosofía, el ser humano busca su
propio conocimiento. Este propio
conocimiento está lejos de referirse a una auto-psicología; más bien, es el
conocimiento de cada quien, que implica ese cada quién del que conoce y lo que
conoce. Si esto último no fuera de interés común, no existiría ni humanidad, ni
ciencia, ni filosofía: cada persona sería un inicio constante de la
civilización.
Estaría
bien decir con Quine que los filósofos “(…) <no> tienen especial
idoneidad para ayudar a la sociedad a que mantenga su equilibrio”, y que “lo
único que podría satisfacer (…) <las> necesidades que claman
constantemente es (…) la sophia, <no
la> philosophia”, si por esta última
se entiende un conjunto de conocimientos. Pero precisamente, la filosofía no es
información, no es Google: son
filósofos que se han preguntado por lo que incumbe al ser humano mismo. ¿Qué
forma más idónea de ayudar a la sociedad que ocuparse de lo que atañe a cada ser humano?
En
resumen, todo aquello de lo que trata la filosofía tiene un interés humano,
común. Si no lo tuviera, realmente sería pura habladuría. ¿Filósofo o filósofa,
tú qué estudias? “Estudio lo que a ti te interesa”: tantos son los intereses
que no es raro que se contradigan. Insisto, no es una popularización (o
democratización) de la filosofía: es consecuencia de lo que estudia, de lo que
hace; se encamina a alcanzar el propio
conocimiento. La filosofía no pierde el contacto con la gente: si así
fuera, no existiría.
[1] W.
V. O. QUINE, “¿Ha perdido la filosofía el contacto con la gente?”, <www.unav.es/users/QuineFilosofiaContactoGente.html>,
2006, (5 de abril 2013)

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