viernes, 15 de marzo de 2013

Antropófilo, o de unos buenos zapatos

Platón escribió casi toda su filosofía
en forma de diálogos.  Fuente
ANTROPÓFILO. –Querido Úsofos, qué bueno que te encuentro. Te buscaba para decirte algo importante.
ÚSOFOS –Antropófilo, qué alegría verte. ¿Qué es eso que quieres decirme?
ANTROPÓFILO –Pues que ya no creo en las humanidades.
ÚSOFOS. –Explícate bien, Antropófilo. Puede que ahora mismo tengas a unos cuantos dispuestos a lanzarse encima de tu cuello.
ANTROPÓFILO. –Peor para ellos, porque si lo hacen, más razones me dan para mantenerme en mi postura… No me mires con esa cara. Estoy convencido de que las humanidades no son ninguna solución a ninguna crisis.
ÚSOFOS. – ¿Te has vuelto loco?
ANTROPÓFILO. –No, Úsofos, estoy completamente cuerdo. Es más, te invito a creer en aquellos que no creen en las humanidades.
ÚSOFOS. –Qué poco humilde eres. No te contentas con dejar de lado a aquellos que buscan hacer de este mundo un lugar más humano, sino que además quieres que crea en ti. ¿Te estás burlando acaso?
ANTROPÓFILO. –Nada más lejos de esto, amigo. Te pido perdón si te sientes ofendido. Déjame explicarte lo que pienso.
ÚSOFOS. –Adelante.
ANTROPÓFILO. –Como sabes, siempre he sido un hombre de humanidades, en concreto, de filosofía. Nosotros, los filósofos, tendemos a realizar algo de proselitismo: nos enorgullece ver que los demás reconozcan que nos encargamos de cosas que valen la pena y nos alegramos cuando ellos mismos se interesan en esos asuntos.
ÚSOFOS. –No te lo puedo negar.
ANTROPÓFILO. –Es un fenómeno algo particular: no es frecuente así con médicos, biólogos o comunicadores, por decir algunas profesiones. Al menos esa es mi experiencia. Entonces, surge la tentación de vanagloriarnos y decir: “Claro, es que tratan sobre asuntos superficiales. Interesantes, pero no tan profundos como los nuestros. Está bien la técnica, pero hace falta un poco más de contenido…”.
ÚSOFOS. –He de reconocer, Antropófilo, que alguna vez yo también he pensado así. Pero no estoy seguro de que todos los humanistas o filósofos sean vanidosos.
ANTROPÓFILO. –Es cierto, Úsofos. Lastimosamente, yo sí lo he hecho. Antes, creía en las humanidades y no en los humanos.
ÚSOFOS. –Pero, ¿quién ha dicho que no se puede creer en ambos? ¿A qué te refieres cuando hablas de humanidades?
ANTROPÓFILO. –Si te soy sincero, nadie. Por eso, te explicaré en qué humanidades no creo. No confío en las humanidades que se convierten en una condena para los que ejercen con humildad su profesión y no dedican tiempo a leer a los clásicos, por poner algún ejemplo. Úsofos, ¿tenemos derecho a exigirle “humanidad” a un pobre zapatero que ha dedicado toda su vida a arreglar zapatos para sostener a su familia? ¿No es él, más que nosotros, un ejemplo de humanidad?
ÚSOFOS. –Me haces pensar, Antropófilo. Explícate un poco más.
ANTROPÓFILO. –Hace poco leí, Úsofos, en un ensayo de Jaime Nubiola que “la búsqueda de la verdad es enriquecedora, porque la verdad es perfeccionamiento. (…) No hay un camino único, un acceso privilegiado a la verdad”[1].
ÚSOFOS. – ¿Y bien?
ANTROPÓFILO. – ¿No lo ves, Úsofos? Las palabras hablan directamente a filósofos y humanistas. No somos los únicos que accedemos a la verdad. Todo aquel que se perfecciona accede a la verdad, se humaniza, sea filósofo, lector de los clásicos, futbolista o zapatero.
ÚSOFOS. –Antropófilo, pero, ¿qué distingue entonces a filósofos y humanistas del resto de personas?
ANTROPÓFILO. –Pues que somos personas entregadas a la verdad, Úsofos. Pero la verdad no se contenta egoístamente con nosotros, sino que se presenta a aquellos que, sin entregarse de lleno a ella, procuran no quitarla de en medio.
ÚSOFOS. –Voy entendiendo un poco más lo que me quieres decir.
ANTROPÓFILO. –Me alegra saberlo. No podemos caer en la tentación, Úsofos, de despreciar la labor de los demás, porque sus conocimientos “sugieren y apuntan otros caminos que enriquecen y amplían nuestra comprensión”[2]. Solo en diálogo con ellos alcanzamos un mundo realmente humano.
ÚSOFOS. –Un diálogo tal y como nosotros lo tenemos ahora.
ANTROPÓFILO. – ¡Eso es! Mira, una vez estábamos comiendo unos cuantos y hablábamos sobre la “importancia de las humanidades” para el mundo de hoy. Uno de nosotros dijo a otro que estudia Arquitectura: “Sin la filosofía, y todo lo que anteriormente se haya pensado, los arquitectos nunca habrían construido lo que construyeron y como lo hicieron”. A lo que el otro respondió: “Sí, pero sin techo los filósofos no hubieran pensado lo que pensaron”. Es verdad que la vida de unos cuantos filósofos pudiera desmentir eso; pero no se puede negar que de alguna forma u otra, los filósofos nos hemos beneficiado del trabajo no tan “filosófico” de otros.
ÚSOFOS. –Tienes razón, Antropófilo. Sería propio de seres arrogantes y desagradecidos exigir a los demás que estudien lo que ellos estudian, sin fijarse que también los humanistas se han beneficiado de su trabajo.
ANTROPÓFILO. –Exacto. No sé si tú piensas lo mismo, Úsofos, pero para mí que, además de apreciar el legado de los clásicos, los verdaderos humanistas saben apreciar la comodidad de unos buenos zapatos. 












[1]  J. NUBIOLA, “Pragmatismo y relativismo: C.S. Pierce y R. Rorty”.
[2]  Ibídem. 

2 comentarios:

  1. brutal. El hombre no es el "camino, la verdad y la vida" esa es una calificación nominal que solo se aplica a Jesús. El único camino a Dios en el que convergen miles de caminos distintos. Hay tantos caminos como personas existen. El más válido es el que le corresponde a cada uno en cada momento.

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