martes, 16 de abril de 2013

Acerca de este blog


Uno de los propósitos de este blog, no el principal, es publicar los textos filosóficos que he escrito.  No el principal, repito, porque mi idea no es lanzar a la red algo más que distraiga -o aburra- a quien lo lea. Mi objetivo principal es que aquellos que lean (o vean) cualquier cosa de las publicadas aquí comiencen a "conocerse a sí mismos". Para mí, tengo que reconocerlo, la filosofía no es más que la búsqueda del propio conocimiento. "Pero, ¡cómo te atreves!, ¿acaso insinúas que no me conozco a mí mismo (o a mí misma), si no soy filósofo?", me podrían decir. No, no lo insinúo; humildemente pienso que el "propio conocimiento" es más que un "sé quien soy yo": implica reconocer que lo "propio" va más allá de ese yo: implica a Dios, a los demás y al mundo que nos rodea. Reconocer, digo, porque volvemos una y otra vez sobre lo conocido: el filósofo no se desentiende de lo que conoce; al contrario, se implica de tal forma que hace, de su conocimiento, vida. 

No era mi idea hacer de esta sección una reflexión filosófica. Y bueno, ya ves lo que ha quedado. Por eso tengo que seguir diciendo "¡que me conozca!" para reconocer que las cosas a veces no salen como quiero. Al menos lo intentaré. Tú, ¿te animas?

Nota: Cuando publico algo que no es de mi autoría, suelo indicarlo con "Fuente" escrito al lado (ya sea una foto, un vídeo, etc.). 

Futbolsofía

La filosofía, el fútbol y el humor son perfectamente compatibles. Aquí les dejo un vídeo que lo demuestra... 

¿Libertad? ¡Libertad!

Este ensayo lo escribí a partir de un seminario que tuvimos con Ana Marta González, profesora de Ética de la Universidad de Navarra, sobre la Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres de Immanuel Kant. Es una reflexión acerca de la libertad, un tema que ha suscitado grandes debates a lo largo de la historia. 


Immanuel Kant. Fuente
Introducción

La consciencia de ser libres puede llevar al ser humano a preguntarse cómo puede conciliarse tal condición con la moralidad. Ya esta cuestión dice mucho sobre la concepción que se tiene sobre la libertad: parece que más libre se es, cuando menos “leyes morales” se tienen. ¿Cómo se debe entender, pues, la libertad? En su Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres[1]Immanuel Kant, aborda esta cuestión. La comprensión de la postura kantiana es, sin duda, una ayuda para responder a la aparente aporía libertad-moralidad.
 “La voluntad es un tipo de causalidad de los seres vivos en tanto que son racionales, y libertad sería la propiedad de esta causalidad para poder ser eficiente independientemente de causas ajenas que la determinen”[2], escribe Kant en el tercer capítulo de la GMS. Parece una mera descripción, pero detrás de esta frase se encuentra gran parte de las concepciones metafísica, ética y antropológica del filósofo de Königsberg, que fundamentan su idea de libertad. Este trabajo busca mostrar en qué sentido dichas concepciones son fundamento de la noción kantiana de libertad a la vez que  las consecuencias que se derivan de ésta.

Soy filósofo, luego me interesa

Willard V. O. Quine Fuente

Si quieres ver cómo los filósofos se contradicen, no hace falta preguntarles qué es el ser o cómo conocemos, entre muchas otras preguntas que comúnmente asociamos a la filosofía. No hace falta, porque seguramente las respuestas serán difícilmente entendibles para aquel que no sabe de filosofía. Más bien, la pregunta adecuada tiene que ver con lo último dicho: quien no sabe de filosofía, ¿qué es lo que no sabe? En otras palabras, la pregunta para ver cómo se contradicen es: ¿Qué es lo que tú estudias, filósofo o filósofa?
Como este ensayo lo publico en mi blog, no puedo dejar de referirme a aquello que digo en la portada: “El ser humano, a través de la filosofía, emprende la búsqueda de su propio conocimiento”. Reconozco que la idea no es original, pero también sé que otros no lo ven así: uno de ellos es Willard von Orman Quine. A raíz de la lectura de su texto “¿Ha perdido la filosofía el contacto con la gente?”[1] se me ocurrió lo que vengo a exponer en este ensayo.

viernes, 15 de marzo de 2013

Antropófilo, o de unos buenos zapatos

Platón escribió casi toda su filosofía
en forma de diálogos.  Fuente
ANTROPÓFILO. –Querido Úsofos, qué bueno que te encuentro. Te buscaba para decirte algo importante.
ÚSOFOS –Antropófilo, qué alegría verte. ¿Qué es eso que quieres decirme?
ANTROPÓFILO –Pues que ya no creo en las humanidades.
ÚSOFOS. –Explícate bien, Antropófilo. Puede que ahora mismo tengas a unos cuantos dispuestos a lanzarse encima de tu cuello.
ANTROPÓFILO. –Peor para ellos, porque si lo hacen, más razones me dan para mantenerme en mi postura… No me mires con esa cara. Estoy convencido de que las humanidades no son ninguna solución a ninguna crisis.
ÚSOFOS. – ¿Te has vuelto loco?
ANTROPÓFILO. –No, Úsofos, estoy completamente cuerdo. Es más, te invito a creer en aquellos que no creen en las humanidades.
ÚSOFOS. –Qué poco humilde eres. No te contentas con dejar de lado a aquellos que buscan hacer de este mundo un lugar más humano, sino que además quieres que crea en ti. ¿Te estás burlando acaso?
ANTROPÓFILO. –Nada más lejos de esto, amigo. Te pido perdón si te sientes ofendido. Déjame explicarte lo que pienso.
ÚSOFOS. –Adelante.

viernes, 1 de marzo de 2013

La Filosofía no es la que importa


"Conócete a ti mismo". Fuente

Cuando leí por primera vez el párrafo final de “El viraje de la filosofía”[1], de Moritz Schlick, me sorprendió cómo se ha cumplido parte de lo que el autor predice en él. Así dice el párrafo: “(…) al final ‘los filósofos’ ya no serán escuchados; se parecerán a actores que siguieran representando durante algún tiempo, antes de darse cuenta de que el auditorio lentamente se ha ido ausentando. Entonces ya no será necesario hablar de <<problemas filosóficos>>, porque se hablará filosóficamente sobre todos los problemas, es decir, con claridad y con sentido”.

Sí, a los filósofos ya no nos escuchan; no son pocos los que se han ido ausentando del auditorio; pero, creo que, hoy en día, no se habla “filosóficamente sobre todos los problemas, (…) con claridad y con sentido”. Basta con que preguntemos a una persona “¿podrías decirme quién eres?” para comprobar que muy claro no lo tiene, y que  a duras penas se expresa con sentido.

viernes, 22 de febrero de 2013

¿Me explico, Russell?

Bertrand Russell. Fuente
Existe una pregunta que algunas personas, al razonar, suelen usar para asegurarse de que su interlocutor sigue el hilo de la argumentación: “¿Me explico?”. Quizá se deba a que estas personas tengan un agudo sentido de percepción, el cual les permite captar en un mínimo gesto del receptor una evidencia de duda; quizá son ellos (los emisores) quienes experimentan desconfianza en su propio razonamiento; o, simplemente, es una muletilla que tienen.
No es el propósito de este ensayo dar con el motivo correcto; de hecho, podrían ser los tres. Sin embargo, lo que está detrás del simple “¿me explico?” es un tema que ha apasionado a algunos filósofos y, todavía hoy, es asunto de discusión: la vaguedad. Uno de estos filósofos es el galés Bertrand Russell, quien publicó un artículo sobre este tópico en The Australasian Journal of Psychology and Philosophy, 1, en 1923