Uno de los propósitos de este blog, no el principal, es publicar los textos filosóficos que he escrito. No el principal, repito, porque mi idea no es lanzar a la red algo más que distraiga -o aburra- a quien lo lea. Mi objetivo principal es que aquellos que lean (o vean) cualquier cosa de las publicadas aquí comiencen a "conocerse a sí mismos". Para mí, tengo que reconocerlo, la filosofía no es más que la búsqueda del propio conocimiento. "Pero, ¡cómo te atreves!, ¿acaso insinúas que no me conozco a mí mismo (o a mí misma), si no soy filósofo?", me podrían decir. No, no lo insinúo; humildemente pienso que el "propio conocimiento" es más que un "sé quien soy yo": implica reconocer que lo "propio" va más allá de ese yo: implica a Dios, a los demás y al mundo que nos rodea. Reconocer, digo, porque volvemos una y otra vez sobre lo conocido: el filósofo no se desentiende de lo que conoce; al contrario, se implica de tal forma que hace, de su conocimiento, vida.
No era mi idea hacer de esta sección una reflexión filosófica. Y bueno, ya ves lo que ha quedado. Por eso tengo que seguir diciendo "¡que me conozca!" para reconocer que las cosas a veces no salen como quiero. Al menos lo intentaré. Tú, ¿te animas?
Nota: Cuando publico algo que no es de mi autoría, suelo indicarlo con "Fuente" escrito al lado (ya sea una foto, un vídeo, etc.).


